Hace varios días somos testigos de la gran sensibilidad, preocupación y expresiones de repudio ante el posible deterioro de la situación que compromete la vida de Acaí. Dolorosa situación que ha sensibilizado desde el gobernador hasta los intendentes de nuestra región del Impenetrable, además de haber habilitado una gran cobertura mediática del caso y del despliegue implementado para su búsqueda. Esta pérdida, o posible pérdida, seguramente genera mucha frustración para quienes han realizado un esfuerzo monumental para su reintroducción en un ecosistema natural que antaño habitaban los ancestros de Acaí y que poco a poco fueron desapareciendo hasta prácticamente su extinción. Acai y sus pares necesitan de un ecosistema natural complejo, como lo es esta región del Impenetrable. Penosamente, nuestro ambiente se viene destruyendo desde hace más de 40 largos años. Primero con la tala indiscriminada del bosque nativo y luego por el avance de la frontera agropecuaria, y con el cambio de uso del suelo, han desaparecido miles de hectáreas del complejo bosque nativo. Para hacer posible tal actividad, se han topado grandes extensiones, amontonando el bosque para luego prenderle fuego, quemando así toneladas y toneladas de recursos naturales; pero lo más cruel de todo es que esas llamas también alcanzaron a millones de animales silvestres, cruelmente quemados vivos. Todo eso fue posible por la crueldad de unos pocos, que, violando las leyes ambientales vigentes y amparados en la impunidad del sistema, les fue y es posible cometer tales latrocinios, priorizando la economía de unos pocos sobre el desastre ambiental que padecen las mayorías. Pero, además de esas supuestas transgresiones a las normas vigentes, desde los mismos gobiernos se ha operado, con lobistas de por medio, para sancionar leyes que tenían como único propósito flexibilizar las normativas vigentes de protección ambiental. Desde el poder, a menudo se plantea una falsa contradicción: el crecimiento económico frente al cuidado ambiental. Puede que exista un dilema, pero en el caso de nuestro amado Impenetrable, si por crecimiento económico se entiende mejorar la existencia de las familias que lo habitan, este necesariamente debe sustentarse en la protección de su ecosistema natural; de lo contrario, será un territorio invivible hasta para la vida humana. Para finalizar y aprovechando esta gran sensibilidad, sobre todo de funcionarios que pocas veces se manifiestan ante los crímenes ambientales, quiero recordar que los ancestros de Acaí desaparecieron de nuestra región por la destrucción de su hábitat natural, a causa de prácticas humanas que ponen en riesgo esta gran diversidad natural, que tales prácticas conllevan la pérdida de especies como la que ella representa y tantísimas otras. Que, aunque no tengan la repercusión mediática como la que tiene este caso, ameritan de nuestra sensibilidad y compromiso para la protección ambiental de esta Nuestra Casa Común. En la cual habitamos cientos de especies, siendo la humana una más de tantas. Y que, además de cuidarla para nosotros vivir dignamente, tenemos la obligación de cuidarla y dejarla lo más preservada posible para las futuras generaciones. Un pedido especial para los intendentes del Departamento General Güemes y Brown (cuya superficie de un poco más de 34.787 km2 representa aproximadamente el 35% del territorio provincial y donde habitan aproximadamente 100.000 personas); que se puedan expresar y sensibilizar ante el desastre ambiental vivido y conocido por todos, y que desde su importante rol y espacio de representatividad, exijan las normativas necesarias para el cuidado de nuestro bosque nativo, para que puedan habitarlo muchas Acaí y muchas otras vidas más. Que así sea.
Lic. Horacio Córdoba
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