Cuando hablamos de equilibrio nos remite a la noción de orden; una arquitectura sistémica donde cada elemento habita el espacio que se le ha designado, se le desea o se le busca. Existe la idea que, al preservar dicha armonía, la gestión de la vida y lo cotidiano resultará más beneficiosa para todos.
El orden, bajo esta acepción, trasciende la
mera organización para convertirse en un imperativo de la vida pública y
privada, podríamos decir que es un prerrequisito para el florecimiento de una
sociedad.
Ahora bien, cuando ese orden hace referencia
a un modo de organización social, el devenir histórico de nuestros pueblos da
cuenta que tal orden no es neutro. No ha sido una estructura estática, sino más
bien una construcción social en respuesta a la necesidad y luchas propia de la
convivencia, el poder y la producción de cada momento histórico.
Desde una
perspectiva sociológica e histórica, podemos identificar los siguientes tipos
fundamentales de orden social: orden comunitario, un orden estamental,
esclavista, una organización social contractual, racional-legal, propia del
proyecto de la Modernidad, y con el de la burguesía industrial capitalista.
Durante este
largo periodo histórico, el equilibrio del orden convivió con tensiones,
luchas, conflictos que generaron fuertes desequilibrios, e inclusas
revoluciones que rompieron con el orden social vigente dando paso a nuevas
estructuras sociales y con ello nuevas lógicas de relacionamiento y poder.
Repasados
dichos términos, me gustaría analizar un poco la política de equilibrio fiscal propuesta
como leidmotiv del modelo de gobernanza, anarcolibertario, liderado por Milei, pero cogestionado por una
amplia red de concordantes espacios políticos: entre los que se destacan: el
Pro, la UCR, quienes son parte estructurales de dichas propuestas, a la cual se
le suma parte del gatopardismo de nuestro PJ, quienes mientras alzan la mano
para dibujar en el aire la V, la otra la
utilizan como recolectora. ¿y las convicciones de la justicia social? Por el
momento quedan guardadas en el cobre de los buenos recuerdos.
El equilibrio
fiscal, es una meta deseable y compartida por las mayorías de las fuerzas políticas.
“no se puede gastar más de lo que ingresa…” frase que muy rudimentariamente
explican o nos explican de qué se trata eso de “equilibrio fiscal”. Es decir,
el Estado no puede invertir más en salud, educación, políticas laborales y
salariales, infraestructura pública y un largo etc. y si lo hace será a expensa
de endeudamiento o emisión monetaria.
Para la
derecha o ultraderecha (hoy pintada de violeta, antes de amarillo, pero siempre
de color yanqui) heredera de privilegios apunta contra el peronismo, pero no
cualquier peronismo, al peronismo que aún levanta las banderas históricas
de: soberanía política, independencia
económica y justicia social. Para la derecha cavernícola, eso es populismo
porque “le hicieron creer…” al pueblo, sí a vos, que podías tener un mejor
salario, jubilarse, los discapacitados podían recibir solidariamente un aporte.
La patria podía soñar con mayor crecimiento gracias al desarrollo científico y
tecnológico. Mejores infraestructuras escolares, salarios docentes, acceso a
materiales pedagógicos y didácticos, la creación de universidades, facilitando
su proximidad y el acceso a sectores populares, becas de estudio, entre otras
tantas medidas que priorizaron el proceso de inclusión y efectivizar derechos
siempre declamados y nunca cumplidos.
Un laburante
podía comprar una tv, un aire, un teléfono, un móvil, dejaron de ser estos
objetos de expresión de opulencia de unos pocos para ser elementos de consumo
funcional a las necesidades de las familias. Los trabajadores se podían dar un
gusto de organizar un viaje turístico para su disfrute y también para ampliar
sus horizontes culturales.
Si para la
derecha esas medidas fueron populistas, qué contraponen. Sin duda un modelo
político elitista, donde reafirmen sus privilegios y beneficios y para ellos
será sumamente necesarios la desposesión de los derechos básicos de los
asalariados. Asi, los excluidos, desposeídos y oprimidos colaboran con el
proceso de acumulación de los privilegiados.
Para cumplir
tal propósito, las políticas implementadas por el modelo anarco libertario están
orientadas a tal sentido:
1.liberar de impuestos y responsabilidad fiscal a los
sectores privilegiados de la sociedad, quienes les alcanza con las funciones
represivas del Estado.
2. mayor carga de impuestos a la clase trabajadora,
para financiar al Estado, priorizando las actividades propias del aparato
represivo. Se debe tener presente que el aumento de la energía, de los
servicios básicos, aumento de los alimentos, tienen un impacto descomunal en
los ingresos de los asalariados, mientras que no representan un gran impacto
para los sectores capitalistas, dado que su capacidad de consumo es
infinitamente mayor.
3. los procesos de desregulación
y flexibilización laboral, debilita el bloque de constitucionalidad y de las
garantías protectoras del derecho del trabajo, lo que conlleva una regresión
normativa que erosiona la protección efectiva del trabajador. Este
debilitamiento de la autonomía colectiva reduce la capacidad de negociación,
derivando indefectiblemente en un escenario de vulnerabilidad sistémica y
precarización estructural del empleo.
La regresión sistemática de las garantías
laborales no solo profundiza la superexplotación de la clase trabajadora en
favor de la hegemonía del capital, sino que inaugura una fase de perversidad
institucional donde la dinámica de acumulación trasciende la extracción de
plusvalía tradicional. En este escenario, el sistema muta hacia una acumulación
por desposesión[1]
—en los términos de David Harvey—, donde el sujeto oprimido es despojado de su
patrimonio social y de sus derechos fundamentales, como la salud, la educación
y la previsión social. Esta transición de la explotación productiva al despojo
existencial evidencia una lógica de 'capitalismo de casino' que, ante la crisis
de rentabilidad, opta por la canibalización de lo público y la erosión del
estatuto de dignidad del asalariado, reduciendo su vida a un activo
prescindible para el sostenimiento del flujo financiero.
4. Se gestionan marcos
normativos que favorecen los intereses de capitales trasnacionales y apátridas,
frecuentemente legitimados por organismos internacionales. Estos últimos,
paradójicamente, actúan como los verdaderos arquitectos de un equilibrio fiscal
diseñado a su medida, promoviendo así la denominada 'economía de enclave', un
modelo intrínsecamente vinculado al saqueo y a la sobreexplotación de los
recursos naturales.
5. Para ornar este escenario de
crueldad, el endeudamiento se acrecentó a borbotones con el único fin de
obtener liquidez para el cumplimiento de una deuda internacional mal habida, o
para subsanar el desaguisado de las tasas del capital especulativo: bonos,
letras y cuantas otras 'invenciones cumpleañeras' de la alquimia financiera de
Caputo.
En conclusión, queda lo
suficientemente clara la intención política del proyecto anarcoliberal, que
poco tiene de novedoso y mucho de conservadurismo histórico, que prioriza los
intereses de clases antes que el bien común, o más aún, a costa de éste. Pareciera
que se busca la consolidación de un orden social más bien de carácter
estamental antes que racional-legal.
Una virtud insoslayable del oficialismo
nacional reside en su explícita voluntad de poder, manifiesta tanto en la
construcción como en la ejecución de las medidas que juzga necesarias para su
proyecto político; una fuerza que avasalla, incluso, las tenues resistencias
políticas y sociales. El gobierno exhibe una impavidez absoluta ante la
inmoralidad o la deshumanización de sus actos; pareciera ser que las fronteras
superyoicas no logran erigir las inhibiciones necesarias ante el desborde
pulsional, propias de las medidas necrófilas[2] que
priorizan el culto a lo inerte por sobre la vitalidad del tejido social.
Asi, este
modelo de gobernanza anarcoliberal, tiene como premisa central el equilibro
fiscal, sustentado sobre una matriz de impuestos cada vez más regresivas,
ahondando los privilegios de clase, y sobre todo siendo su pilar fundamental el
feroz endeudamiento internacional, cuyas consecuencias son nefasta para la soberanía
de nuestra patria, y el futuro inmediato de nuestro Pueblo.
Un pretendido
equilibrio fiscal, o pretendido equilibro porque los expertos en la materia
ponen en duda de su real cumplimiento, sostenido por un esquema ficticio,
gracias al cruce de magia del experto en economía, “con o sin dinero”.
Como dijo
dice Máximo Kirchner en reiterados discursos, los números deben cierran con la
gente adentro. Lejos de esta de esta premisa el ideario político de los
anarcolibertarios, y de otros sectores que sin serlos se afilian a los mismos
intereses.
Imponer a la
población un equilibrio de esa naturaliza indudable garantiza un orden social,
donde las injusticias, deterioro de los derechos humanos fundamentales,
cristaliza situación de exclusión del disfrute y protecciones sustanciales de
la vida humana. Arrojando a los más vulnerable a la incertidumbre angustiante,
perdida de sentidos de la vida y sobre todo de la vida comunitaria. Nos empuja
al individualismo y aislamiento, donde el Otro no es con quien construyo
comunidad sino más bien es un objeto a eliminar.
Si en verdad
se efectiviza este equilibro fiscal, con este modelo político y orden social,
será profundamente inmoral, antiético y antiestético. Un orden que garantizara
una cultura del desprecio por la vida, por el pueblo, movida por la única meta,
garantizar la acumulación de la riqueza para un grupo social oligárquico, con
reminiscencias feudales, envuelta en una cultura medieval, a poca distancia del
oscurantismo y reestablecer las prácticas inquisidoras como medio de
dominación.
Hacia
una democracia radical[3]:
Es un imperativo para el campo popular.
resistir a este modelo de acumulación nefasta, pero también es una situación
que nos convocar para refundar un proyecto que redefina los términos de lo
democrático, o que entendemos por tal. Partiendo de una perspectiva agonista,
resulta imperativo delimitar con quiénes y bajo qué condiciones deben
articularse los distintos espacios políticos y actores sociales.
No es posible seguir sosteniendo una
democracia meramente formal y opaca, que actúa como velo para consolidar la
dictadura del mercado y el capital. Si comprendemos que la democracia es un
significante vacío, la disputa política consistirá en dotarla de nuevos
alcances y sentidos.
Nuestra generación atraviesa un momento
histórico con una paradójica ventaja: la inexistencia de alternativas viables
fuera de la radicalización democrática. Allí donde la multiplicidad de caminos
suele sembrar la duda, hoy el campo popular divisa un horizonte unívoco. Para
quienes persiguen las utopías necesarias, este es el camino hacia un proyecto
real que devuelva la vitalidad y el propósito a la vida política de nuestra
nación.
Autor: Lic. Horacio Córdoba
BIBLIOGRAFÍA
CONSULTADA
Harvey,
D. (2004). El nuevo imperialismo. Akal. [Referencia fundamental para el
concepto de acumulación por desposesión].
Laclau,
E. (2005). La razón populista. Fondo de Cultura Económica. [Referencia para el
concepto de significante vacío y la construcción del campo popular].
Laclau,
E., y Mouffe, C. (1985). Hegemonía y estrategia socialista: Hacia una
radicalización de la democracia. Siglo XXI Editores. [Obra base para el
concepto de democracia radical y la articulación de luchas].
Mbembe,
A. (2011). Necropolítica. Melusina. [Referencia para el análisis de las
políticas necrófilas y el desprecio por la vida].
Mouffe,
C. (2007). En torno a lo político. Fondo de Cultura Económica. [Referencia para
la perspectiva agonista y la crítica a la democracia liberal tradicional].
[1] Acumulación por desposesión: Concepto acuñado por David Harvey
para describir la fase del capitalismo donde el crecimiento no se da por la
reproducción ampliada (producción), sino por el despojo de activos públicos,
derechos sociales y bienes comunes. En el
texto, se vincula con la "canibalización de lo público".
[2] Necrofilia política (Medidas necrófilas): Inspirado en el concepto
de Necropolítica de Achille Mbembe, refiere al uso del poder soberano
para dictar quién es "prescindible" en el sistema. Describe políticas que priorizan "el culto a lo
inerte" (flujo financiero) por sobre la vitalidad del tejido social.
[3] Democracia radical: Propuesta de Laclau y Mouffe que aboga por la
expansión de la lógica democrática —libertad e igualdad— a todas las esferas de
la vida social y económica. Se presenta como la
única alternativa frente a la "democracia formal y opaca" del capital.
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